Hilos filosos salían de mi piel

Presiona mis dientes dormidos hasta que ya no pueda morder más. Seca los colgajos de sangre con el olor que quedó anclado a mi ropa. No vamos a decirnos ahora lo que ya no dijimos antes. Tiempo-cárcel, tiempo rebanando mi lengua, como tiempo atrás me acariciaba los dedos.

La locura me agarró de las pestañas para darme una advertencia. Me trago el humo de su boca. Como ponerme frente a un espejo viejo y reconocerme.

Ya no hay que soñarnos. La muerte quiere matarme tranquila.

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