Acabarte

¿Y cómo querías que te contase algo bueno?

Al final de la escalera estábamos arañándonos con el odio que da reconocerse.

Verte. Verme.

Un escupo amargo me tiraste sobre los labios, puta, y yo te maldije. Del corazón di un mordisco.

Es que las horas nunca alcanzan a anestesiarme. Pincho mis brazos flacos, verdes de palabras perdidas, buscando clavar a mi ventana una noche para siempre.

Para siempre. Como si la eternidad guardara algo bueno entre las piernas. Como pájaros.

Como pájaros me duele la sien de mirarte en los charcos.

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