Volver

Tan fácil resulta desnudarte los ojos nuevamente. Tan fácil que me derrumbe, arrastrando las uñas sobre nuestras huellas.

Que irónico ¿no, cariño? Apagué la luz hace tiempo con el afán de no encontrar más mi lengua lamiendo cajones. Oscuridad requerida. Los dedos sobre las pupilas. Y el mar otra vez golpeando las puertas de la casona abandonada ¿Para qué? Están todos muertos. Mar, te repito ¡están todos muertos!

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