Agosto 4.

Tengo un cúmulo de nubosidades en el pecho. De los ojos me cuelgan flores y te como la esperanza. Pero no dejo que su abrazo transmute en ataúd. Pero no dejo que tus manos me tapen la cara. Puedes brillar en mi sangre si quieres, enrojecer su cauce. Más no vengas otra vez a taparme la cara.

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