Agosto 3. Pequeño frenesí nocturno

Le susurro a la noche que nazco en cada silencio de ojos que se pasean (te muerdo los ojos). Las venas se me escapan porque quieren gritarte su sangre, balancearse en los labios. Deja que rasque tu incredulidad, como amaneceres partidos sedientos de sombras, hasta que me creas, hasta que me abrigues la lengua.

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