S/T

¿Quién diría que iba a hallar entre mis sueños la locura?
Me ubiqué en una alta planicie a la sombra de un sauce,
abajo yacía un basto mar dorado,
al poeta grité:
“¿Quien buscaría en tus lamentos el beso del cansancio,
quién haría de tu muerte otro número esotérico?
El que joven suicida fuere, dejaría su huella en el cemento;

se erigió la sombra de Rimbaud en mi pupila,
simplemente un secreto mal confiado,
el salto de la liebre que huyó del diluvio,
la última plegaria

Un pastizal donde hallar derrames de pensamiento,
el lugar ideal para la danza de invocaciones;
todos los sufrientes muertos se levantarán
para albergarse entre las manos de sus iguales en la tierra

Seré el barco que navegue por las aguas de la furia,
el rostro destrás de una máscara sonriente,
el demonio anciano que la carreta de un dios irónico
arrastra

Que se haga la luz no vale la pena,
el candil de la embriaguez guiará nuestra marcha
entre el manto lívido del día que comienza
y dejará ver que entre la risa,
la fiebre del suicida dejó en primer plano
la lluvia y el vino

Del cielo al infierno (2003)

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